La aparición de un material sospechoso durante una reforma puede generar preocupación, especialmente cuando la obra ya está avanzada y varias partidas dependen de continuar con una demolición. Ante esta situación, actuar con rapidez resulta importante, aunque esa rapidez debe traducirse en detener la intervención, proteger la zona y solicitar una valoración profesional.
El amianto puede permanecer oculto detrás de revestimientos, dentro de patinillos o integrado en instalaciones antiguas. Mientras el material se conserva estable y permanece intacto, las fibras pueden mantenerse retenidas; el riesgo aumenta cuando se corta, perfora, lija o rompe durante los trabajos. Por este motivo, cualquier sospecha debe tratarse con prudencia hasta confirmar la composición del elemento.
¿Dónde puede encontrarse amianto en una vivienda?
En España, el periodo de mayor utilización del amianto en materiales de construcción se situó entre 1960 y 1984, mientras que la prohibición de fabricar y comercializar productos que lo incorporasen de manera intencionada entró en vigor en diciembre de 2002. Por esta razón, las reformas de viviendas construidas o rehabilitadas durante las últimas décadas del siglo XX requieren una revisión especialmente cuidadosa.
Uno de los productos más conocidos es el fibrocemento, utilizado en placas de cubierta, bajantes de aguas residuales, depósitos y conductos de ventilación. También puede aparecer en ciertos pavimentos vinílicos, adhesivos antiguos, elementos de aislamiento o telas asfálticas. Su aspecto cambia según el producto y el estado de conservación; identificarlo únicamente mediante una observación visual puede conducir a conclusiones equivocadas.
Encontrar una tubería gris o una placa ondulada tampoco confirma por sí mismo que contenga amianto. La antigüedad del edificio, la documentación disponible y la localización del elemento aportan indicios, aunque la confirmación puede requerir un diagnóstico específico y, cuando corresponda, un análisis realizado con las garantías técnicas necesarias.
Detener los trabajos en la zona afectada
Cuando aparece un material sospechoso, el primer paso consiste en interrumpir cualquier operación que pueda alterarlo. La zona debe mantenerse sin tránsito innecesario y el elemento debe permanecer intacto; manipularlo para comprobar su resistencia, desprender una muestra por cuenta propia o intentar retirarlo rápidamente puede provocar la liberación de fibras.
También conviene apagar aquellas herramientas o equipos que puedan mover el polvo acumulado. Barrer, utilizar aire comprimido o recurrir a una aspiradora doméstica puede extender las partículas hacia otras habitaciones. Las orientaciones técnicas del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo desaconsejan barrer, soplar o aspirar estos restos con equipos convencionales, ya que carecen de los filtros adecuados para retener las fibras.
La paralización puede limitarse al área implicada cuando las condiciones de la obra permiten aislarla de manera segura. Sin embargo, esta decisión debe adoptarse tras revisar la distribución, los recorridos de los trabajadores y la posibilidad de que el polvo haya alcanzado zonas próximas.
Confirmar qué material se ha encontrado
La normativa exige identificar los materiales que puedan contener amianto antes de iniciar determinadas obras de demolición o mantenimiento. Cuando existe la menor duda sobre su presencia, deben aplicarse las disposiciones preventivas correspondientes hasta que se disponga de información suficiente. Esta identificación debe reflejarse en el estudio de seguridad y salud o en la evaluación de riesgos, según las características de la obra.
Una inspección profesional permite estudiar el tipo de elemento, su antigüedad y su estado. Cuando la documentación del inmueble resulta insuficiente, puede ser necesario realizar un diagnóstico de amianto con un alcance adaptado a las zonas que se van a reformar. En algunas obras, el registro previo del edificio puede resultar insuficiente y debe completarse con un estudio específico.
Hasta recibir el resultado, la planificación de la reforma debe modificarse para evitar intervenir en el material sospechoso. Esta pausa permite tomar decisiones con datos fiables y reduce el riesgo de extender la contaminación.
¿Quién puede retirar el amianto?
Los trabajos incluidos dentro del ámbito del Real Decreto 396/2006 deben encargarse a una empresa inscrita en el Registro de Empresas con Riesgo por Amianto, conocido como RERA. La inscripción acredita que la compañía se encuentra registrada para desarrollar actividades con exposición potencial a este material, aunque cada intervención debe cumplir además las condiciones preventivas que correspondan.
Antes del comienzo de los trabajos, la empresa responsable debe elaborar un plan en el que se describa la intervención, el material afectado y las medidas destinadas a proteger a los trabajadores. Este documento se presenta ante la autoridad laboral competente para su aprobación; la empresa principal también debe comprobar que el contratista especializado dispone del plan correspondiente.
La retirada se organiza para reducir al máximo la rotura del material. La zona puede necesitar señalización, delimitación y sistemas de protección adaptados al nivel de riesgo. Una vez terminada la intervención, también se realizan las tareas de limpieza y control previstas para que la reforma pueda reanudarse en condiciones seguras.
Cómo afecta el hallazgo al presupuesto y al calendario
La presencia de amianto suele introducir una partida que no figuraba en el presupuesto inicial. El coste depende de la cantidad localizada, su accesibilidad y las medidas de protección que requiera la retirada. Una bajante situada en un patio puede plantear una intervención distinta a la eliminación de placas integradas en una cubierta completa.
El calendario también puede verse afectado por el diagnóstico, la preparación documental y la disponibilidad de la empresa especializada. La reforma debe reorganizarse alrededor de esta actuación; en algunos casos será posible avanzar en estancias independientes, mientras que otras obras tendrán que esperar hasta completar la retirada.
Conviene reflejar cualquier modificación mediante un presupuesto adicional y una actualización del calendario. Así, el propietario conoce el alcance económico y la empresa reformista puede coordinar los oficios que tendrán que volver a entrar después.
Prevenir el problema antes de comenzar la reforma
La mejor forma de gestionar el amianto consiste en buscarlo antes de que empiecen las demoliciones. Revisar la antigüedad del inmueble y estudiar los elementos que van a quedar expuestos permite incluir el diagnóstico dentro de la planificación inicial.
En VIP Reformas entendemos que una obra bien organizada también debe estar preparada para los elementos ocultos que puedan aparecer. Nuestro trabajo consiste en ayudarte a contactar con las empresas que te van a permitir planificar y ejecutar tu reforma de la forma más adecuada, y al mejor precio.



